luché contra la ley y la ley ganó
Necesitaba el dinero porque no tenía nada
luché contra la ley y la ley ganó
La canción original es de Los dos Compadres, Lorenzo Herrezuelo y Francisco Repilado. Sarandonga es el apodo cariñoso con el que Repilado llamaba a su mujer, Sara. Se supone que sus andares hacían retumbar, y sonaba Sarandonga. Es de 1949.
Repilado luego ha sido conocido como Compay (de compadre) Segundo, un grandioso compositor e intérprete.
La letra no pretende nada, es pura diversión y rima fácil. Que si me llamaban Don Tomás, que si yo no como judías.
El original comienza diciendo que nos vamos a comer un ñamé con bacalao, y El Pescaílla la convierte en rumba y cambia el ñamé por arroz con bacalao. El resto, igualita.
Lamento no encontrar imágenes del todopoderoso pescaílla, siempre con traje y guitarra y cinco palmeros.
Esta canción es un hit absoluto de la música disco. Con la versión de 1979 de Viola Wills
Buenísima.
Es una ranchera, de las más conocidas de José Alfredo Jiménez, de 1972. El de las amarguras no son amargas si las compone un tal José Alfredo.
La historia de la ranchera es la de alguien que quiere despedirse de la persona amada tomando una última botella con ella. Una especie de despedida-tentación.
1967, Una de la canción emblemática de The Doors, tiene una letra con polémica, porque habla de subir hasta la plenitud de la pasión, y aunque puede interpretarse la pasión sexual, usa algún término que podría aplicarse al éxtasis de la droga.
La versión de los autores tiene siete minutos, con ese pegadizo comienzo y varios solos -aparentemente- improvisados por dentro. Dominada por la poderosa voz de Jim Morrison.
La canción tiene una anécdota interesante: The Doors fueron al show televisivo de Ed Sullivan, pero éste les pidió que suavizaran la frase de "vamos a subir los dos", y cambiar subidón por algo más neutro. Le dijeron que sí, y cambiaron el texto, pero a la hora de cantarla, Morrison se olvidó (eso dijo).
El cabreo de Ed Sullivan fue tan grande que les negó la mano al terminar.
Vamos a ver la prodigiosa voz de Shirley Bassey en 1970.
Esta no deja ninguna duda de que el subidón de pasión es sexual. Va subiendo el tono y los hombres que se ven en el público están poco menos que salivando. ¿Quién necesita drogas para llegar al climax? Parece sugerirnos. ¡Vaya voz, qué autoridad en el escenario!
Dicen que esta canción es de las que marcan el jazz a partir de los setenta.
Finalmente, José Feliciano. Si en la primera hay arreglos, y en la segunda sensualidad, ahora es la voz la protagonista.